spring cleaning

aquella spring cleaning de 2022 y ¡ahora sí! la puesta a la venta del fanzine

spring cleaning

La subida de temperaturas después de un periodo sostenido de frío y menor número de horas de luz, parece que irremediablemente tiene un efecto 'hacendoso' en las personas. Y este efecto, tal vez está provocado por los rayos de sol que en esta época del año, comienzan a atravesar las ventanas con suficiente fuerza — por fin— como para poner en evidencia los remolinos descarados de partículas de polvo. O, tal vez no y tenga más que ver con el calentamiento de nuestra sangre, que se altera en primavera, según dice el dicho. (Lo del calentamiento de la sangre, me lo inventé, no me creáis.)

Ahora bien, la entrada de Wikipedia sobre spring cleaning está disponible en otros siete idiomas de los cuales ninguno es el nuestro. Lo que podría ser indicativo de que «limpieza de primavera» is not a thing, pero me consta que sí, sólo que quizás no bajo ese término. Busqué también «cambio de armario», y nada. Me siento incitada a escribirla yo misma.


Va a ser ya mi cuarta primavera en esta casa. Una vez pase este umbral, será la casa de mi vida adulta donde haya pasado más tiempo. No deja de asombrarme lo que nos van desvelando las casas mientras las vivimos: las paredes que no aguantan taladro, las persianas que se encallan, las grietas por donde entran agua —y hormigas— sin que tenga nada de poético, y por supuesto, no pueden faltar, los espacios donde tendemos a acumular cosas, siendo «cosas» la palabra más neutra que pude encontrar en una escala entre «mierda» y «efectos personales».


El internet tampoco me sabe explicar cuál es la razón por la que contamos años en primaveras. Se suele decir «cumplió 27 primaveras». Pero ¿por qué este favoritismo por encima de las demás estaciones? ¿Simplemente porque sea la estación donde florecen las plantas, hay muchos pájaros, brilla más el sol, los días son más largos y sea la perfecta metáfora natural para el estar «en la flor» de la vida, literalmente volver a florecer un año más? ¿Solamente por esto? ¡Qué inexacto por parte de la lengua!


En la primavera del 2022, previa a la mudanza hacia aquí, ya todas las cosas de mi mamá —mayoritariamente ropa— estaba en bolsas. Si bien habíamos hecho un trabajo eficiente y exhaustivo de desocupación de espacios, obligados como estábamos a entregar su piso de alquiler, muchas de las bolsas permanecieron en ciertos rincones del que era mi piso, esperando la selección para el susodicho proyecto manual que había decidido empezar con su ropa.

Mi recuerdo dice que postergué la tarea de escudriñar esas bolsas en detalle mucho más de lo que «tendría» que haberlo hecho y que la ropa que finalmente no fue seleccionada para el proyecto de patchwork o no quería para mí, estuvo en el abandono — y pesándome en la consciencia—por muchas más semanas de las que tocaba. Así es cómo me encontré un día de mayo más resemblante al verano que a la primavera, llorando delante del contenedor naranja de Plaça de Maragall. Llanto probablemente interrumpido solo por alguna broma de Sergio lanzada de forma específica para hacerme reír en ese momento y por hipotetizar con lo que estarían pensando las desconocidas que me estuvieran mirando.

Hay varios sitios públicos donde el llanto es común e inclusive bienvenido. Saltándonos los obvios como tanatorios, cementerios, iglesias y hospitales, diría que todas las estaciones de vehículos a motor que se presten a la despedida como estaciones de tren, autobús y aeropuertos, también entran en la lista. Pero llorar en las estaciones del año como primavera y verano, ya no tanto.


De donde yo vengo no hay ni spring cleaning ni qué ocho cuartos (no ningún afternoon ni ningún hello), exclusivamente está el cleaning, porque no hay spring. Tampoco las otras estaciones. Para ser justas, no hay nada en el tiempo metereológico que por consenso se diga que altere la sangre, o al menos yo no conocía la frase. Esto me hace preguntarme si es que en los países cercanos al ecuador siempre se limpia con el mismo ahínco.


Junto con los videos de spring cleaning que abundan en internet también se asoma otra palabreja que en muchos casos directamente se traduce como 'desorden' pero que, sin yo ser traductora ni tener vela en este entierro, me suena a mí que no llega a abarcar el nivel de acumulación que la palabra 'clutter' quiere transmitir.

Supongo que no queda tan bien un título que diga Mira cómo ordeno mi mierdero esta primavera.


Si uso la herramienta del «muñequito amarillo» de googlemaps en el número 14 de Plaça de Maragall todavía puedo ver el contenedor naranja donde depositamos los frutos de aquel spring cleaning de 2022.


Mi mamá siempre tenía esa energía 'hacendosa' que le atribuyen a la primavera, y yo le atribuyo a ella tantas cosas de mi vida, que si no es porque nació en un país sin estaciones diría que fue la personificación misma.

Adriana

Todo lo anterior para reiterar, por si fallé en hacerlo evidente que el fanzine que escribí a raíz del proyecto acolchado con la ropa de mi mamá que ya no vive, ya está en el mundo, listo para aterrizar donde tenga que hacerlo.

Gracias, de verdad, por considerar apoyar mi escritura.

Aquí está el enlace a la tienda para que puedas hacerte con uno. (Si estás en Barcelona ciudad y prefieres ahorrarte costes de envío, puedes optar por esperar unas semanas más a que termine de llegar a un par de sitios donde les abrirán un huequito.)