quemaditos

Bad Bunny, JLo, Djaimilia Pereira de Almeida y yo

una foto tomada desde dentro de la ventanilla cerrada de un coche que enfoca una nube muy grande en el atardecer, reflejada en el retrovisor del coche

En el mil cuatrocientos noventa y dos llegó un tipo que dijo que descubrió la Quisqueya mía, ave María, get out of here con eso.

A quien haya leído lo anterior y le haya venido con audio, sencillamente sabe. Para las demás, hace falta un poco más de contexto: cuando Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny, tenía solamente 4 años de edad, en 1998 un grupo que se llama Fulanito («el hombre más famoso de la Tierra») lo estaba petando fuerte. Y con fuerte me refiero a millones de copias de discos vendidos, movimientos loquísimos de cámara y edición que me indican que los técnicos también estaban bebiendo, congregación de multitudes, gente en los techos y en los balcones bailando en bikini, niñes lanzados en el aire y lo que en los parques de agua se conoce como zona de splash.

Es en esta canción, Guallando, un merengue que yo clasifico en la categoría cardíaco-aeróbica, de donde viene la frase sobre «el tipo que dijo que descubrió Quisqueya en 1492» y que, evidentemente hace referencia a the one and only, Cristóbal Colón.

Pero todo vino porque el otro día, jugando a responder preguntas de trivia de primaria en Youtube (¡jajaja!), preguntaban el famoso año de llegada de CC y me lo sabía de carrerilla, sin dudarlo. —¡1492!— dije, y me cuestioné si lo sabía por mi proficiency en merengue de los noventa o por clase de historia. (Es broma, obviamente lo sé porque nos machacan con el «descubrimiento» y la colonización desde el primer día.)

Lo que yo no sabía es que «Quisqueya» es un guiño que nos estaba dejando Fulanito en la canción, al emplear el nombre supuestamente original que usaban los nativos de la actual isla «La Española» y que pertenece hoy a República Dominicana y Haití. ¿Ustedes sabían esto?


No puedo ser yo la única que se acuerde. Cuando Jennifer Lopez comenzó a hacerse famosa, se hablaba muchísimo de su culo. Se sentía como si nunca hubiese habido antes un culo grande en la historia. Y, no lo he buscado pero estoy segura que debe existir un documental o algo, que analice cómo el culo de Jennifer Lopez, en su día tuvo un impacto en los estándares de belleza, al menos en Hollywood. (Ya la discusión de cómo y por qué Hollywood es un referente para las demás mortales, la dejamos para más adelante.)

Suena ridículo decir 'yo crecí entre esos culos'. Pero falso no es. Así como yo en particular tampoco tengo uno de tamaño despreciable. Por eso Calle 13 cantaba ellas mojan el arroz con un poco de aguacate pa' cosechar nalgas de catorce kilates. El caso es que de toda la prensa alrededor de las nalgas de JLo, la lectura que yo podía hacer en su momento, como adolescente sudamericana, era algo parecido y resumido a —¡ah! ¿que hasta ahora estos culos no eran los buenos culos? Tomo nota—.

Ahora, con la dominación mundial del reggeatón desde hace ya unas cuantas décadas, los culos grandes son muy parte del imaginario y han recorrido un largo camino de superación. Solamente hace falta ver el video de Tití me preguntó.

(ua, ua, bombó!)


Puede que yo, desde lo alto de mi mirador, e incluso en medio de la multitud, contemple mis orígenes y sea un testigo tan poco elocuente como la paloma que me veía pasar de camino al colegio. Desde el mirador soy, tal vez, una persona que contempla sin prestar atención el crecimiento de mi mente. No podría verme pasar y pasar al mismo tiempo.

~Ese pelo, Djaimilia Pereira de Almeida (las afueras, 2025)

De los libros que leí en enero, Ese pelo fue mi preferido. Tal vez por eso, pero evidentemente no solo por eso (ya que nada más hay que ver las noticias), he tenido muy presente la migración, la pertenencia, la infancia, las antepasadas, y también lo que, a raíz de aquello, consideramos estéticamente agradable o inclusive bello.

Hay un momento precioso en el texto donde habla de las voces supremacistas que la acompañan, como «chicas airadas», que «me acosan en el espejo cuando me arreglo para salir, me hacen creer que es étnico, y por tanto, vulgar, un par de pendientes de aro que termino siempre por no llevar».

Ni Djaimilia Pereia de Almeida estaba hablando de ser latina ni yo sé lo que es tener orígenes en Angola y hacer vida en Portugal, y sin embargo...
Así que no me voy a hacer la entendida de Bad Bunny pero su puesta en valor de la estética latinoamericana, su posicionamiento político al no querer hacer gira dentro de USA y el respeto a sus orígenes es refrescante y en el clima actual, decir que se agradece, es un eufemismo.


  • Escribir sobre los 'gritos de guerra' de los merengueros y canciones formativas del carácter latino.

Eso tenía escrito en las notas del móvil pero se me había olvidado. Como por ejemplo un «¡Es la cosa!» de Elvis Crespo que me hace preguntarme ¿cuál cosa es?, el mismo «Gozadera total» de Fulanito o un «¡Hasta las 15!» de Oro Sólido que me habla de una necesidad interminable de fiesta y de un ritmo animado por muy serio que sea el tema. Los que repetían su marca personal, unos aventajados del marketing, como el «DJ Nené Sarcos», quien me complace informar sigue en activo y «¡Los Rosario!» que también aseguran un ejercicio cardíaco-aeróbico. Toda música de CDs de gasolinera, o mejor dicho, quemaditos.

Se me había olvidado pero escribió Pereira de Almeida y yo leí:

El amor a lo superfluo ayuda a entender lo que somos.

Razón por la cual me animé a terminar este texto.

Adriana


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el extravío: prácticas offline y online para la sobreestimulación de todos los días
descripción Con el año en ciernes, nos apetece — a veces— encontrar sistemas que nos sirvan, prácticas que nos sustenten y sentirnos más abundantes. El extravío en cambio habla de algo que se nos ha perdido en este camino también en ciernes de nuestra historia con el internet y las pantallas. Este …