frikismo exquisito
para las frikis de las notas, las listas y registros que leen estas cartas (y un desearles un feliz día del libro, por adelantado)
Es muy 'meta' hacer una lista sobre listas que llevo, pero como toda lista, es en el hacerla que reside su placer. A diferencia de los proyectos, las listas son —al menos para mí— estas cosas con finales abiertos que aunque no se completen ni tengan ese objetivo, generan una sensación de satisfacción en sí mismas.
Sé que la anterior declaración es controvertida y que hablo solo a un tipo de persona específico que se identifica con esta, pero si Zuckerberg nos convenció a la mayoría de la 'importancia' de documentar nuestras vidas, para luego hacer de ello una 'profesionalización' de esas vidas en internet con fines de lucro, yo puedo hacer un intento de carta abierta de amor a las listas.
Es más, voy a ir tan lejos como para afirmar que, una de las razones por las que hemos comprado la idea de las redes sociales inicialmente y por la que las compañías que las manejan nos tienen tan enganchaditas, es porque apelan a esa parte tan humana de nosotras que teme perder el rastro de las vidas que vivimos, las propias. Y que inclusive para quienes se han planteado dejar de utilizar las redes para documentación, existe quizás un apego a los álbumes digitales compartidos o a las parrillas en orden cronológico que terminan por mantenerles allí, digamos, por peso histórico ¿no? No sé, pregunto, es para una amiga.
Mi hipótesis no validada es que hay un rasgo común entre las personas a las que les gusta hacer listas y las personas que han tenido o hacen uso de su perfil de red social. Lo que vendría siendo un rasgo lejos de extraordinario según una búsqueda rápida de estadísticas que dice que un 60% de la población mundial es usuaria de redes. Es decir, unos cuantos miles de milloncejos. Vamos a ponerle que de estos, otros cuantos son solo espectadores y no registran nada, igualmente la base es bastante amplia. La probabilidad dice que tú, lo más seguro, es que registres algo.
¿Qué registras?
Como mucho, un puñado de ustedes sabrá ya de mi adoración por el proyecto de Bárbara Iweins, titulado KATALOG, donde la artista se pasó dos años fotografiando y catalogando todas sus pertenencias, habitación por habitación, una por una, llegando a un total de 12,795 objetos y 12,795 fotos, claro.
La adoración se debe a que la parte completacionista en mí se siente ampliamente complacida por KATALOG y siente que Iweins y yo podríamos ser almas afines, pero cuando supe de este por primera vez, lo primero que me causó fue una tremenda curiosidad por la motivación de la fotógrafa para embarcarse en esa tarea. Y si bien yo le creo cuando leo en la página web del proyecto que lo comenzó tras un divorcio repentino y una mudanza a otro país, como una manera para encontrar estabilidad en esa cercanía con sus propios objetos, no es hasta que habla de sus conclusiones al terminar el proyecto, que todo me encaja:
Con el tiempo, me di cuenta de que la mayoría de mis pertenencias son más una fuente de confusión que de placer. Siento poco apego a ellas, pero al mismo tiempo, aislando mis posesiones (incluso las más ordinarias) y clasificarlas según criterios específicos les da importancia y cierta belleza subjetiva. Por eso, incluso una botella de jarabe para la tos que escurre por los laterales, desarrolla un interés estético que me gustaría conservar. Esperaba poder despedirme de muchas cosas, pero acabé amando mucho más de mis pertenencias.
Creo que no puede estar mejor explicado el poder de una lista en un único párrafo. Nada más que alegar, su Señoría.
Por si fuera poco, en la página web ya no del proyecto si no de la misma Iweins, lo primero que encuentras es su listado de _______ antes de morir. ¡Clasificable por verbos! (ej.: parar de hacer, conocer a, leer muchas veces, ser publicada en, dejar de ser, tener, escalar, coleccionar, etc.). Inclusive antes del apartado «sobre mí», o «exposiciones», entras y encuentras su Bucket List con lo conseguido y lo que no.
Dime, pues, si no es una manera preciosa no sólo de hacer inventario de una misma pero también de hacer carta de presentación. Bueno, mejor no me lo digas, porque no me veo capacitada para cambiar de opinión en ese aspecto. Me parece de un frikismo exquisito. Como los sobres miniatura de Dickinson, con flores dentro, los mapas de Leonor Ferrer, los diarios en código de Beatrix Potter.
También es verdad que, como todo lo que es bueno y puro, en este ascenso de la productividad al altar de las virtudes, el tema de las listas, las notas y las bases de datos, puede torcerse y llevarnos a lugares tenebrosos del internet donde se nos anima a acumular información que supuestamente referanciaremos luego. Nada más hace falta un paseo corto por las palabras clave «segundo cerebro» o «método zettlekasten».
Y aunque nuestras intenciones sean nobles, me temo que debo hacer un llamado a la cordura en tres sentidos:
- la finitud de la vida
- la metabolización del contenido1
- los pensamientos de las demás
Creo que el primer punto se entiende por sí solo. No hay vida que aguante tantos marcadores de navegador, guardados de redes sociales o boards de Pinterest. Punto dos: así como no almacenamos toda la comida ingerida en un sótano (y sería espeluznantemente asqueroso), podríamos confiar más en que el cerebro saca de la información lo que necesita y hace con ello lo que debe hacer. Pero estando el botón de guardar extremadamente accesible, me temo que la conveniencia aquí nos juega kikiriwiki, al hacernos sentir que nuestra tarea ha terminado con el acto de almacenar (o compartir un story). Lo que me lleva al punto tres:
Guardar artículos, vídeos, infografías, etc. no deja de ser acerca de los pensamientos de las demás, y no sobre lo que nosotras pensamos sobre esas ideas. El trabajo de trasladar en nuestras propias palabras la interpretación de un texto o un vídeo que vimos, es al fin y cabo, lo contrario de conveniente y es sobre todo, un proceso lento. Por mucho que me pese, no se parece a hacer una lista bonita con etiquetas de colores para vincular temas, ni da la sensación de seguridad que una carpeta de guardados sí da. Es mucho más engorroso que eso, pero es el trabajo en sí mismo. Guardar la info o compartirla en una story nos crea la falsa ilusión que entendemos un tema, que nos hemos posicionado incluso, que tenemos los datos a mano para referenciarlos luego, cuando con suerte solo llegamos a lo último. Yo, la primera.
Aquí es donde la lectura de libros, de esos que puedes tocar, me resulta menos tentadora a la acumulación por acumular y sospecho que nos resigna en cierta manera, a confiar en que metabolizamos lo que estamos destinadas a metabolizar. 🌹(Por cierto, bona diada de Sant Jordi o feliz día del libro, mañana, si estás leyendo esto el día que lo envío)🌹
Algunas de mis listas o registros:
- Una línea diaria por 5 años (le dicen diario de 5 años)
- Un calendario vacío en la pared para una cosa buena de cada día (mejor conocido por diario de gratitud, pero el formato calendario lo cambió todo para mí)
- Las películas y series que veo (sin reseñar a base de estrellas)
- Los libros que leo (sin reseñar a base de estrellas - pero sí resumen y notas)
- Inventario de armario y lo que uso
- Presupuesto mensual y gastos
- Banco de ideas para regalar a personas de mi vida (siempre he pensado que no soy nada buena improvisando regalos, así que me guardo pistas de vez en cuando, de esas que surgen en conversación)
- Lista de impulsos (descontinuada)
- Mi lista de deseos
- Mi lista de deseos (libros)
- Lista de tareas de algún día (la solución a todos los males)
- Lista de tareas de hoy (a veces)
- Lista de palabras favoritas y por qué
- Recetas recurrentes (que ya he probado y tengo en rotación, o que una vez probada, se puede volver a hacer. Para ser honesta, hay como cinco recetas.)
- Ciclo menstrual
A este punto, parece innegable que llevar listas es en sí mismo un hobby, y que por tanto, implica privilegio e implica estigma. Para el primero; la persona con tiempo. Para el último: la persona controladora, obsesiva, inflexible, ¿por qué no decirlo? loca. Cosas que soy, a veces todas, y a veces ninguna, independientemente de cuántas de esas listas esté llevando «correctamente». Pero sí me veo en la necesidad de resaltar que no comparto la anterior lista de listas desde un lugar precisamente de orgullo, y quizás más como una confesión.
Algo se abre por dentro. Mira.
2
Confieso que nunca he querido parar de registrar, tanto como el coleccionista no quiere parar de coleccionar y el deportista no quiere parar de hacer deporte. Inclusive cuando soy consciente de que lo que registro está más cerca de lo insustancial que de lo transcendente. Yo, todo este conjunto de insustancialidades. Sin diarios en código, sin mapas, sin sobres miniatura con flores dentro.
Adriana
1término de Joan Westenberg
2 extracto del poema Un libro para mí, de Cristina Rivera Garza
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PD2: mi fanzine Quilt: un proyecto acolchado con la ropa de mi mamá que ya no vive, está a la venta aquí.