el trabajo de los ojos

¡ya tengo los fanzines! así que desvelo título y cubierta :)

foto de la pintura al óleo de Johann Walter titulada 'by the window' en la que se ve una persona leyendo un libro que le cubre prácticamente toda la cara excepto los ojos y la frente

A veces gritaba y la miraba esperando una reacción. Entonces me decía, '¿quieres gritar? ¡dale! pero grita duro'. Siendo una niña chiquita, eso me hacía gracia y me parecía una reacción divertida por parte de mi mamá. Otras veces, si cantaba una canción con gallos, por ejemplo de Whitney Houston, o cualquiera de las que requerían mucho rango vocal, ella me decía '¡canta, canta, para que me hagas famosa!' y se reía.

Cuando me daba por el baile, veía mis coreografías sentada en una silla, con paciencia; coreografías que sobra decir yo consideraba las más brillantes y pulidas que se hubieran inventado hasta entonces. Tanto, que alguna otra vez convencí a mi hermano y a su amigo que había venido a estudiar a la casa, para que me sirvieran de público (rehenes).

María Gracia, la vecina, que tenía la edad de mi hermana, siempre fue la mejor en hacerme creer que mi rutina de comedia era poderosa. Soltaba sus carcajadas en el punto exacto de los chistes, consiguiendo que viviera la tarea de 'bajar a saludar' como una menos funesta.

Todas estas veces me sentí vista. Fue precioso.


¿Dónde aprendiste que la visibilidad pasa por publicar con constancia? ¿Sigues convencida de que funciona? ¿Cuánta visibilidad es suficiente visibilidad? ¿Hay una parte de ti que equipara mayor visibilidad con mayor éxito?


El trabajo de los ojos ya me lo robaron como título. Es una lástima. Se lo puso Mercedes Halfon a su libro de ensayos breves y autoficción que trata de problemas oculares y escritura, y que además me gustó mucho en su día, cuando lo leí.

Entiendo que sueno irracional afirmando que me lo robaron cuando la verdad es mucho más simple: Halfon tuvo la idea primero.

Yo querría haberlo usado para hablar de la visibilidad, el internet, la mirada y cómo los ojos son los órganos más sobreexplotados de este siglo. Ese libro ya se escribió también, se llama El universo observable de Heather McCalden, y es con el que estoy ahora. También es genial. Qué rabia.


Escuché en un podcast que la escritura siempre ha sido una tecnología para llegar la una a la otra. Me pareció cierto y sin duda, una bonita manera de explicarlo, pero no deja de ser verdad que necesito el trabajo de tus ojos para llegar a ti. Gracias.


Mi mamá me dijo un día que la mirada de las niñas es la más bonita porque la esclerótica es blanquísima y brilla mucho, en contraposición a la de la gente mayor que le recordaba a los ojitos de un pescado (en la pescadería). Terminaba la sombría observación con un '¿no te has fijado?'

No, no me había fijado, gracias (innecesario pedacito de información).

Pero tal vez algo de brillo sí se pierde en los ojos: no nos sabemos visibles, al menos no con la certeza que se tiene de niñas. Es decir, no sólo visible como alguien que es de carne y hueso y que por tanto, no transparenta, sino segura de que se es digna de mirar.

En esa etapa, no hay comparación ninguna, el universo propio es demasiado amplio para abarcar el de otres. Quizás de allí, tanto brillo.


Como ya avisaba a finales de enero, he escrito un fanzine cuyos comienzos se remontan a enero del 2022, mes y año en el que murió mi mamá. Pero como habrás podido comprobar hoy leyendo esto, o en otros textos anteriores, y como suele suceder en general, su vida y su trabajo de madre, tal y como ella lo entendió y como yo lo percibí, informaron mi vida y mi escritura, y lo harán siempre, intuyo.

Escogí, pues, un trozo microscópico de esa historia para escribir un fanzine. Seguro que has visto uno, muchos, o inclusive has hecho tú los tuyos propios, pero por si no supieras lo que es, aquí Andrea Galaxina lo explica de maravilla.

El que yo escribí se llama Quilt: un proyecto acolchado con la ropa de mi mamá que ya no vive, y ayer me llegó la caja con todas las copias.

Quilt: un proyecto acolchado con la ropa de mi mamá que ya no vive
Este es un avance de la cubierta del fanzine Quilt: un proyecto acolchado con la ropa de mi mamá que ya no vive: Es un proyecto personalmente especial para mí donde interseccionan los destellitos de mi mamá en el mundo, las labores manuales, los duelos, los legados y la no-descendencia. En …

Estoy feliz con el resultado, pero además satisfecha de haberme concedido el trabajo de las manos. Dicho de otra forma; los fanzines no esperan por nadie, no por la aprobación, la selección o el elogio. Se materializan porque se pueden materializar, pero aún así hay que persistir y creer que alguien querrá leerlos.

Así que, mientras preparo la tienda, dime ¿querrás leerlo?
Contéstame, si quieres, dándole clic a este botón:


Cuando no publico en redes sociales, no sé cuán visible soy en términos medibles. Lo que no se mide, no se mejora. Dice la voz. Shhhh. Le respondo. A nadie le importa ¿no te das cuenta? Sigo escribiendo y noto que le molesta. ¡Bah! ¿qué caso tiene? En otras oportunidades gana y no escribo más.

Sé que hay quien ha echado de menos la posibilidad de dar like a estas correos. Es lo más rápido, lo entiendo. Yo también la he echado de menos en ocasiones, esa forma de validación a la que nos han entrenado en las últimas dos décadas. «Entrenado» suena exageradísimo, Adriana. Y sin embargo, nunca me siento más un ratón de laboratorio que cuando regreso a mirar compulsivamente cuántos corazones ha tenido determinada publicación que he hecho. En consecuencia, el experimento de momento continúa mientras se sienta llevadero. Como parte del ejercicio de memoria de una niña que contaba chistes agarrada a los barrotes de una escalera, apoyada en una sola pierna y columpiando despreocupadamente la otra.

Adriana

PD: si por casualidad llevas un espacio físico, tienda, o espacio web donde crees que mi fanzine tendría cabida o le querrías dar cabida, ¿me dices algo? sólo hace falta que le des a responder a este e-mail. Ten por seguro que me pondrá muy contenta recibirlo.